20070506

"EL DESENCUENTRO"

“El Desencuentro” es un proyecto que, sin título ni idea previa, germina durante la realización del cortometraje “Pantallas”. En “Pantallas” se utilizaban capturas de muy diversas fuentes: cámaras web, teléfonos móviles, dispositivos GPS, ordenador personal... y como uno de los ejemplos de cámaras de videovigilancia se solicitaron del Gabinete de Prensa de la Guardia Civil las imágenes del asalto masivo a la valla fronteriza entre Melilla y Marruecos en septiembre de 2005; asalto en el que un número no determinado de personas procedentes del África subsahariana (Senegal, Nigeria, Camerún, Sudán...) trataron de cruzar, como sucede a menudo, la frontera entre España y Marruecos. Tres metros de altura de valla metálica que concretan físicamente la abstracta separación que la economía mundial ha creado entre constructos como el primer y el tercer mundo. Un salto de tres metros que supone dejar atrás toda una vida, que engendra un desarraigo cultural y abre una herida: una herida de confusión, señal de incomprensión y de desencuentro.

Esas imágenes cedidas por la Guardia Civil sugerían un trato individual, de mayor protagonismo que los pocos segundos que se usaron en “Pantallas”, no sólo por el contenido dramático y político de su significado, sino por la peculiar belleza que atesoraban como significante: son imágenes de una extraña y cautivadora hermosura. Los expertos en videovigilancia aseguran que seis capturas por segundo (recordemos que el cine va a 24 imágenes por segundo, la tele a 25 y que con 16 ya se crea la ilusión de movimiento) son suficientes para controlar las actividades de una persona (generalmente los empleados encargados de manejar la caja registradora de la empresa), pero no sólo no es esa la ratio que usan las cámaras de la valla, sino que entre captura y captura generan una disolvencia, una transición que nos permite ver a un tiempo dos fotos distintas... así, vemos como una persona inicia su escalada por la escalera y como llega a lo alto de la valla en el mismo fotograma... esta circunstancia determina la narración de “El Desencuentro” y, no ya para respetarlo, sino para hacerlo más evidente al espectador se muestran la imágenes a la mitad de su velocidad normal, lo que acentúa esa disolvencia alargando la transición entre capturas y logrando hacerla más ostensible.

Este tratamiento de la imagen negaba claramente desde el primer momento la posibilidad de una locución en off, que no aportaría nada y no lograría sino confundir y distraer al espectador de lo que se pretende importante: el propio valor de la imagen en bruto. Una locución en off supondría pues camuflar el vídeo entre palabras, pero esta manera de contar sí daba pie al uso de la música siempre que no se cometiese el pecado de acompañamiento: una música no para subrayar lo que la imagen nos cuenta, sino para aportar a su vez significado. Así, la primera música que se creó para el corto era un solo en el que un piano iniciaba frases que nunca concluía, a modo de parangón con lo que nos enseñaba el vídeo: vemos a alguien que en dos frames consigue salvar la valla y... ya no le vemos más; todo el vídeo es un continuo de historias personales que comienzan pero no terminan. El espectador, si se ha sentido estimulado, puede tratar de imaginar el desarrollo de esas historias. Esa primera música evidenciaba eso, quizá demasiado... era, pues, esclava de la imagen y resultaba mera pompa, así que partiendo de esa primera melodía se fue podando la partitura, desbrozando el camino hasta una exageración minimalista en la que sólo se usan dos notas: el Sí de la sexta octava del piano y el Mi de la séptima. Es un goteo, que a modo de grifo quiere jugar con la evidencia de la permeabilidad de las fronteras, y que pretende crear una cadencia inicial para que, una vez ya acostumbrado el espectador, se le escatime la nota que espera en el momento que la espera, alargando los silencios entre nota y nota hasta la despedida final. No sólo no restándole protagonismo a la imagen, sino haciéndola aún más visible, en la frontera de la sinestesia: se trataba de que la música incitase al espectador a mirar de una manera diferente.